#7: Papucho💌
El mensaje que nadie quiere recibir cuando está lejos de casa.
Había estado una hora despierta cuando recién decidí sacar el modo avión del teléfono.
Empezaron a llegar mensajes.
Esta vez no eran uno, dos o diez.
Eran montones.
Mensajes de audio que no me animaba a escuchar.
Llamadas perdidas y una foto.
Una foto de papá en el hospital.
Tiré el teléfono en la bacha del baño. Me agarré el pecho y empecé a llorar.
Me puteé por no haber agarrado el teléfono a la madrugada. Me enojé por haber hecho yoga y haber empezado tan bien el día. Me enojé por tener que escuchar audios que no quería escuchar. Me enojé con todo sin siquiera saber qué había pasado.
Respiré y puse el primer audio.
El famoso “está bien”, que no te creés por nada del mundo. Y después el “pero…” que le sigue. Términos médicos inentendibles y traducciones humanas intentando aclarar lo oscuro de las noticias.
¿Qué carajo hago en Vietnam?
Mientras escuchaba el segundo audio, buscaba pasajes directos desde Vietnam hasta la cama en el Hospital de Buenos Aires: “Sin resultados”.
Me faltaba el aire.
“Zafó”, dijeron. Supuestamente eso tenía que ser una buena noticia, considerando todo lo que podría haber pasado. Pero mi cuerpo se petrificó igual. Por adentro, me rompí en mil pedazos.
Necesitaba estar al lado de esa cama agarrándole la mano a mi papá, aunque sea una hora a la mañana y otra a la tarde. Necesitaba ver a mi mamá todas las horas restantes del día. Necesitaba que estemos los siete juntos como hacía apenas un mes atrás.
Pero lo único que podía hacer era escuchar audios mientras me lavaba los dientes, a diferencia horaria de cuatro lugares distintos. Cuatro lugares diferentes entre los siete. Esta vez no importó, porque estábamos todos conectados a la hora que fuese gracias al maldito/bendito WhatsApp.
Me lavé la cara, abracé una almohada, fingí la sonrisa más difícil de mi vida y mandé una foto: “Acá, a la distancia, estamos todos juntos, papucho.”
¡Qué mierda!
Afuera llovía torrencialmente. Teníamos un tour para recorrer Ha Long Bay en barco durante todo el día. Una de las siete maravillas naturales del mundo.
Kev intentando de sostenerme me dijo:
—”Nos quedamos. No tenemos por qué ir.”
Y aunque con ese clima probablemente hubiese cancelado, el temporal que tenía adentro era peor que el de afuera. Necesitaba salir de ese cuarto. Sentía que si me quedaba un minuto más ahí adentro me iba a ahogar.
Bajamos al lobby del hotel y no quise ver mi cara en el espejo del ascensor. Ahí nos encontramos con Raquel, una gallega, y Dennis, un ecuatoriano, dos personas que claramente me mandó el universo.
Casi sin conocernos, terminamos compartiendo uno de esos días donde no hacía falta fingir nada. Lloré en público y ellos hicieron que no se sintiera incómodo.
Mientras yo estaba haciendo kayak abajo de la lluvia, Pa estaba viendo un techo blanco, cortinas a sus costados y conociendo una enfermera nueva.
Quería que la corriente me llevara hasta el Río de la Plata. Quería que la lluvia venga de la misma nube que tenía él encima suyo.
Me acuerdo de estar sentada en la arena, agarrar un caracol y pensar en todas las veces que hicimos eso juntos.
El paisaje era ridículamente espectacular y yo no podía dejar de mirar el teléfono.
Mandarle una foto a mis hermanas y decirles: “les mando este mar para sentirnos más cerquita”. Hay algo de compartir la impotencia de estar lejos que, paradójicamente, nos hizo sentirnos muy cerca.
Me di cuenta de que Vietnam estaba muy lejos de Argentina.
No en kilómetros
Sino en imposibilidades.
Tantas que, si las empiezo a nombrar…
Me gustaría que esta carta la leyéramos juntos como la de hace dos meses: sentados en la mesa con Pa, Pauchi y Ma, tomando unos matecitos mientras el ungüis trabajaba.
Ahora la lees solo Papuch y aprovecho para agradecerte públicamente:
Por aguantar. Por seguir acá. Por haberte escuchado.
Gracias por cuidarte, por más que a veces sea difícil. Gracias por no bajar los brazos. Gracias por mostrarte vulnerable.
Por seguir alimentando a ese niño interior que tenés, que lo quiero más vivo que nunca. Gracias por ser vos: nuestro Papucho. El que elegiría todas las veces que pudiera.
Quiero llevar tu legado conmigo a donde vaya.
🏡🫂
Qué alegría enorme todo lo que compartimos hace tan poquito. Habernos recargado las pilas de una manera tal que sea lo que sea que enfrentemos: vamos a poder.
Qué importante haber estado todos juntos sentados en la mesa y demostrarnos una vez más lo que significa para nosotros “ohana”.
Y hoy, después de casi un mes de ese primer día que me rompió en pedazos, sigo queriendo estar al lado de él abrazándolo. Por más de que ya esté bien y que todos los días esté un poco mejor.
Me sigo despertando en medio de la noche para chequear el teléfono, a pesar de ser la primera que decía que mejor dejarlo lejos de la cama y no agarrarlo ni antes de dormir ni apenas una se despierta.
Esto fue un recordatorio gigante de que estamos vivos.
De que la vida es hoy.
Mi viaje a Vietnam fue una montaña rusa de emociones. Fue verde, aventura, caos, calma, gente, soledad, felicidad, angustia, momentos que me quebraron y otros que me levantaron.
Creo que fue exactamente el lugar donde tenía que estar.
Hace tres días llegamos a Australia. Las mochilas, sin desarmar, quieren seguir de viaje. Pero ahora lo único que quiero es bajar todo esto. Escribirlo. Ordenarlo. Respirarlo.
Y encontrar, por fin, un lugar donde armar casa por un rato.
Qué lindo poder llegar a un lugar donde, cuando todo es incertidumbre, te abren las puertas de su hogar. Siempre es sanador llegar a un abrazo conocido y calentito.
Esperemos que el próximo 21 les escriba desde un lugar propio, donde me arme un mate y les cuente todo lo lindo que vaya a suceder en este tiempo.
Hoy, después de todo este mes, no tengo muchas conclusiones.
Tengo esto:
Estamos vivos.
Estamos juntos.
Seguimos acá.
Y eso es un montón.
PochiTips:
☕️Si le agregas leche condensada al chocolate caliente o al café para el fresquitooo viene bárbaro (tip vietnamita)
🫠No googleen términos médicos
🤤Comanse un pastelito de batata por mí xfa
🚀inventen la teletransportación xfa2
🤣Al final no son Tips sino órdenes.
💛Los amo la vida es para vivirla hoy. Díganle a la gente que la aman.
Gracias por estar del otro lado y acompañarme mes a mes en éste último año de mis veintis. Los abrazo fuerte. 🫂❤️🩹
Pochi🌻💌




Uy, Clari… me siento taaan indentificada. Me pasó exactamente lo mismo hace unos años estando en Florencia y Pisa.
Abrazo enorme y ánimo. Es hermoso lo que escribiste.
❤️🩹 gracias Chunita por estas palabras. Gracias Papuch por quedarte y cuidarte. Gracias Mamucha por mantenernos al tanto de todo lo que pasaba. Gracias chupachups, medialunas, hermanas por estar siempre, a pesar de los kilómetros y las zonas horarias. Gracias hermanos por haberlo ido a ver a pa al hospi.
El cuore late fuerte, prueba de que estamos vivos. Los amo!